miércoles, 19 de marzo de 2008

Bueeeeeno, largaaaaaamos...

Suena el timbre. Es el lunático. Está enloquecido. No puede esperar ni tres minutos a que bajemos. Está ansioso. Dice que no soporta esperar a los demás. Dice que eso es fruto de las largas esperas que tiene que aguantar de las mujeres. En fin, todos hacemos cosas que no queremos.
No puedo seguir escribiendo. Temo que suba a buscarme.
Kco.

martes, 18 de marzo de 2008

Alguien que se sube al tren andando

Singer, esto de que te sumes a ultimísimo momento tiene sus costos. Sólo voy a revelar uno: el choclo que por piedad nos guardamos en tu despedida de soltero... sabés muy bien que tiene destino marcado hace meses...
Parafraseando a Loon, quien sostiene con vehemencia que desperdiciar oportunidades es tentar a la suerte, te notifico que nuestro manto de piedad es ya parte del pasado.
Bienvenido al rito sagrado.
Kco.

viernes, 14 de marzo de 2008

Declaración de rebeldía

Caramadas: el subtítulo del blog reza: "...sin faltar a la verdad" y eso es algo que no podemos permitir. Hay que destruirlo, hacerlo pedazos.
Desde ahora voy a empezar a desfigurar los hechos descaradamente, como hace Loon cada vez que refiere una historia.
Kco.

Off We Go

La semana santa significa para mí lo mismo que para la mayoría de los criados por curas. Días feriados. Mi familia se junta, no come carne y una tía vieja me trae el mismo conejo de chocolate desde que tengo memoria, comprado en una precámbrica confitería porteña a una señora aún más vieja que mi tía, que sabe de mi vida más que yo mismo. No creo en la llegada del hijodedios, ni en su heroica muerte para librar el pecado del mundo, ni en su resurrección.

Igualmente festejo su llegada como una fresca brisa en una sofocante tarde de verano.Y gracias a la incondicionalidad de quienes me acompañan en esta larga y sinuosa carretera, puedo darme el lujo de honrar uno de los pilares que mantiene mi existencia en esta vasta llanura de hastío. Y deseo honrarla con esta travesía en todo su amplio sentido, con sus más y sus menos, de forma realista, con sus imperfecciones, porque sube y baja y se zarandea, pero permanece. Por ustedes, bastardos veneradores del exceso… y por la amistad.

Mr. Burzum

miércoles, 12 de marzo de 2008

Dos horas en la luna

En “El otro cielo” (último cuento del libro “Todos los fuegos el fuego”) Julio Cortázar nos cuenta, con la mayor naturalidad del mundo, cómo su personaje (amante de los cielos de estuco) visita París a diario ingresando por un hueco no demasiado preciso de la Galería Güemes (“…en todo caso bastaba ingresar en la deriva placentera del ciudadano que se deja llevar por sus preferencias callejeras, y casi siempre mi paseo terminaba en el barrio de las galerías cubiertas, quizá porque los pasajes y las galerías han sido mi patria secreta desde siempre. Aquí, por ejemplo, el Pasaje Güemes, territorio ambiguo donde ya hace tanto tiempo fui a quitarme la infancia como un traje usado…).
Al leer esas páginas no podemos evitar una profunda envidia, y nos embarga el deseo absurdo de que eso sea posible, de que efectivamente podamos llegar, en unos pocos pasos, desde la galería Güemes a la galería Vivienne de París con sólo encontrar el hueco apropiado, la puerta escondida, o vaya a saber qué.
Confieso que desde entonces, en más de una oportunidad, caminando bajo el cielo de estuco que une Florida con 25 de Mayo, sentí el impulso de bajar al subsuelo, embargado por la certeza absurda de que allí estaría el pasadizo, la puerta, o vaya a saber qué.
La cobardía, la cordura, o acaso la mirada inquisidora del encargado de seguridad que, lo sé, en más de una oportunidad me había observado con desconfianza, terminó por fraguar, una y otra vez, la concreción de ese vano deseo.
Desde entonces, no he podido dejar de pensar que acontecimientos así sean posibles. Tal vez existan hombres que conozcan el secreto, que sepan cómo hacerlo. Lamento confesarles que no soy uno de esos hombres. Sin embargo, aunque les parezca absurdo, quiero decirles que la semana que viene caminaré por la Luna. Sí. Así como se los digo. Ni París, ni Roma. La Luna. De alguna manera extraña me fue revelado el hecho. Y aunque ya puedo imaginar la mueca desconfiada de muchos de ustedes, todo lo que podría decirles es que hoy por la mañana, al despertarme, lo supe.
Supe que caminaría por la Luna y, también, que esa caminata sería la última.
Me crean o no, el hecho es que en pocos días tendré que recorrer unos 1200 kilómetros desde mi casa en Buenos Aires. También me fueron revelados algunos pormenores: será necesario llegar de noche, sin linternas ni nada que eche luz de forma artificial y, no menos importante: el portal de entrada se encontrará justo después de la primera hilera de piedras circulares.
Entonces, la alquimia se producirá por unas dos horas. Caminaré por la Luna. Sólo yo lo sabré, porque sólo a mí me habrá sido revelado. Y seré el hombre más feliz del mundo.
Julián

martes, 11 de marzo de 2008

Comunión en Semana Santa

—Bueno, a ver hijo, cuéntame… ¿qué pecados has cometido últimamente?

No supe qué contestar. Por más que escarbaba en mi pueril pero despierta mente no encontraba ningún suceso digno de ser catalogado bajo ese rotulo.

—Hijo! ¿Es que no tienes nada para confesar? No puede ser, todos somos pecadores ante El Señor…

Aquel perverso e irresponsable discurso era solo una muestra de lo que debería sufrir en el futuro si quería purificar mi alma con el Sacramento de la Comunión.

Había quedado claro. Tan solo el hecho de mi impura existencia era un generador de pecado, además de haber perdido mi dignidad a la temprana edad de diez años. ¨Yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme¨… Decía así ¿no?

Hoy, con algo más de tres décadas de edad en mi haber, todavía recuerdo esa lúgubre y sádica escena en la cual soy el protagonista sin haberlo elegido.

Afortunadamente con el correr de los años a este oscuro replay de mi memoria, le sigue un reconfortante sentimiento producto de saber que pude cambiar el significado de todos esos abrumadores y nocivos dogmas. En la actualidad pertenezco a otro grupo de fieles, con distintos mandamientos y celebraciones. Lejos de castigos y juicios sin sustento. Esa es hoy mi Comunión, la cual podría clasificar como Sagrada por lo menos para mi concepción de lo Sagrado.

Honremos pues, entrañables amigos míos en esta Semana Santa Infernal todos nuestros votos así como lo hacemos en cada Misa de los Viernes, que para mí son Sagradas…

Martín

"Comunión en Semana Santa", según La Real Academia Española:

/participación que los fieles tienen y gozan de los bienes espirituales, mutuamente entre sí, como partes y miembros de un mismo cuerpo…

lunes, 10 de marzo de 2008

Semana Santa: cara o cruz

Pensar en Semana Santa me retrotrae a mis años de primaria en un colegio de padres carmelitas. Ahí me enseñaron que Jesús había dado la vida por mí y que gracias a él había tenido origen la religión a la cual yo pertenecía: el catolicismo. Es decir que, por carácter transitivo, también tenía que agradecerle a Jesús que me hablaran del infierno, que me dijeran que yo era un pecador de nacimiento, y también (digámoslo, en el país de las vacas), cosas un poco más prosaicas como no poder comer una buena tira de asado un viernes santo.

Las hipocresías, las inconsistencias dogmáticas, los preceptos de cumplimiento imposible diluyeron, con el correr de los años, mi pertenencia al rebaño romano. Y fue así, en ese alejamiento traumático pero convencido, que empezaron a resignificarse acontecimientos como la Semana Santa.

Semana Santa se convirtió, lisa y llanamente (Dios la bendiga) en tiempo libre. Excusa para hacer un viaje o para pasar un buen rato entre amigos en compañía del alcohol y el humo. O acaso todas esas cosas juntas (los ratos libres de las religiones nunca son tan dulces como cuando se deja de pertenecer a ellas).

Por eso, porque prima la gratitud del feriado por sobre el tedio de las misas, es que levanto mi copa por esta bendita Semana Santa de viajes, amigos y diversión. Jesús, como todo hombre de bien, debería estar feliz de propiciar el gozo. Al fin de cuentas, ¿de qué sirve una religión si los hombres no pueden entregarse a sus placeres? ¡Salud, Nazareno!

Julián.

viernes, 7 de marzo de 2008

Santificarás las fiestas

Además de algún hecho bochornoso relacionado con la religión (una triste actuación de monaguillo, una guitarra en un coro de iglesia) recuerdo algunas otras cosas curiosas. Entre ellas, los mandamientos. En particular hay uno que me gustaría traer a la memoria. No recuerdo el número, aunque intuyo que no es un dato importante. Bueno, es este: santificarás las fiestas.

Siendo un pequeño creyente, santificarás las fiestas era sinónimo de una aburrida visita a la iglesia. Ir a misa. Con los años, se me ha venido en antojo cambiar su significado. Con la ayuda de amigos, he decidido santificar esta fiesta de semana santa. Para ello, iremos a recorrer los extraños paisajes del valle de la luna. Ha querido el destino que lleguemos exactamente en noche de luna llena. Vaya curiosidad. Jueves-no-sé-qué-número. Pero noche de jueves al fin.

¿Qué saldrá de ello? No puedo imaginarlo. Mis amigos y yo iremos posteando y dando cuenta de lo vivido. A ellos invoco, oh, salvajes almas de lo prohibido.

Kco.