No supe qué contestar. Por más que escarbaba en mi pueril pero despierta mente no encontraba ningún suceso digno de ser catalogado bajo ese rotulo.
—Hijo! ¿Es que no tienes nada para confesar? No puede ser, todos somos pecadores ante El Señor…
Aquel perverso e irresponsable discurso era solo una muestra de lo que debería sufrir en el futuro si quería purificar mi alma con el Sacramento de la Comunión.
Había quedado claro. Tan solo el hecho de mi impura existencia era un generador de pecado, además de haber perdido mi dignidad a la temprana edad de diez años. ¨Yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme¨… Decía así ¿no?
Hoy, con algo más de tres décadas de edad en mi haber, todavía recuerdo esa lúgubre y sádica escena en la cual soy el protagonista sin haberlo elegido.
Afortunadamente con el correr de los años a este oscuro replay de mi memoria, le sigue un reconfortante sentimiento producto de saber que pude cambiar el significado de todos esos abrumadores y nocivos dogmas. En la actualidad pertenezco a otro grupo de fieles, con distintos mandamientos y celebraciones. Lejos de castigos y juicios sin sustento. Esa es hoy mi Comunión, la cual podría clasificar como Sagrada por lo menos para mi concepción de lo Sagrado.
Honremos pues, entrañables amigos míos en esta Semana Santa Infernal todos nuestros votos así como lo hacemos en cada Misa de los Viernes, que para mí son Sagradas…
Martín
/participación que los fieles tienen y gozan de los bienes espirituales, mutuamente entre sí, como partes y miembros de un mismo cuerpo…
3 comentarios:
jajaja, los tipos lo único que quieren saber al confesar por primera vez a un niño es si han tenido alguna actividad sexual!!!!
Kco.
Seguro que mientras le contás tus travesuras, se toca bajo la sotana.
Gato
Un maldito pederasta amparado por la impunidad que en ocasiones otorga una ridicula sotana...
Martini
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